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Nutrición clínica

Ácido úrico y gota: lo que la dieta sí puede cambiar

Pocos temas generan tanta confusión —y tantas listas de alimentos prohibidos circulando por internet— como el ácido úrico. El paciente suele llegar con miedo a comer y con una idea exagerada del papel de la dieta. Parte del trabajo del nutriólogo es poner las cosas en proporción: la alimentación influye, pero no es el único factor, y un enfoque demasiado restrictivo suele ser contraproducente.

La hiperuricemia y la gota tienen un componente importante que la dieta no controla del todo, por lo que el manejo casi siempre es compartido con el médico. Dicho esto, hay decisiones nutricionales con respaldo que sí ayudan.

Lo que tiene más respaldo

  • Reducir el alcohol, especialmente la cerveza y los destilados, que se asocian de forma consistente con crisis de gota.
  • Limitar las bebidas azucaradas y el exceso de fructosa, un factor frecuentemente olvidado pero relevante.
  • Moderar las fuentes más concentradas de purinas de origen animal, sobre todo vísceras y ciertos mariscos y pescados, sin necesidad de demonizar toda la proteína.
  • Cuidar la hidratación, manteniendo un buen aporte de líquidos.
  • Trabajar el peso cuando hay sobrepeso, aunque evitando ayunos o pérdidas muy bruscas, que pueden precipitar una crisis.

Lo que conviene desmitificar

Muchas verduras consideradas "altas en purinas" no se asocian con el mismo riesgo que las fuentes animales, por lo que restringirlas suele ser innecesario y empobrece la dieta. El café y los lácteos bajos en grasa, lejos de estar prohibidos, tienden a tener una relación neutra o incluso favorable en varios estudios.

El mensaje práctico es que un patrón alimentario saludable global —abundante en vegetales, con moderación de alcohol, bebidas azucaradas y excesos de proteína animal— es más útil y sostenible que una lista interminable de alimentos vetados.

El encuadre correcto

Conviene que el paciente entienda dos cosas: que la dieta es una palanca importante pero no la única, y que el objetivo no es vivir con miedo a la comida, sino reducir los desencadenantes más claros. Coordinar con el médico tratante —sobre todo cuando hay tratamiento farmacológico— evita que la consulta nutricional dé mensajes contradictorios.

Abordar el ácido úrico desde el patrón global, y no desde el catálogo de prohibiciones, suele aliviar tanto los síntomas como la ansiedad que el tema genera en el paciente.

Referencias

  1. 1. Gout. MedlinePlus, NIH, 2024. Ver fuente ↗
  2. 2. Healthy diet — Fact sheet. Organización Mundial de la Salud (OMS), 2020. Ver fuente ↗

Aviso: Este contenido es informativo y educativo para profesionales de la nutrición. No sustituye el criterio clínico individual ni constituye consejo médico. NIRVO es una herramienta de apoyo; las decisiones clínicas son responsabilidad del profesional.

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